“Narcocensura” en México

Roberta Garza

2013-05-14 • ACENTOS
Cada año, desde 1986, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPP) edita un compendio de ataques a la prensa llamado, justamente, Ataques a la prensa. No pretende ser exhaustivo pero sí emblemático; los casos seleccionados representan a los países o regiones, métodos o tendencias más elocuentes del año. Entre los estados mexicanos cuyo periodismo ha sido amenazado o silenciado por la ley del narco —Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Veracruz, Michoacán, Sinaloa y las ciudades de Juárez y Tijuana, entre otras—, el compendio 2013 trae una nota dedicada a Zacatecas. Lo curioso es que se haya limitado solo a ese estado, ya que lo descrito aplica casi sin excepciones al resto de las entidades mencionadas: allí las redacciones saben que el espacio naturalmente destinado a los decomisos, asesinatos, mutilaciones, extorsiones, secuestros y violaciones perpetradas por el narcotráfico será ocupado por reportes sobre el clima o la visita de la personalidad en turno.

Nadie los culpa: en 2011 María Elizabeth Macías, una reportera de Tamaulipas que montó un blog personal cuando el periódico donde trabajaba dejó de cubrir el crimen organizado, fue encontrada al poco tiempo decapitada y con las tripas, rematadas por un mouse de computadora, enredadas en un poste al lado de un teclado acompañado de un atento recado: “Ok Nuevo Laredo en vivo y redes sociales. Yo soy la nena de Laredo y aquí estoy por mis reportes y los suyos… para los que no quieren creer, esto me pasó por mis acciones, por confiar en Sedena y Marina… Gracias por su atención Atte: La Nena de Laredo… ZZZZ”.

Para combatir actos como éste el presidente Enrique Peña Nieto firmó hace pocos meses la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. La noticia es linda pero inocua: la primera línea de defensa, las policías locales, están aterradas o compradas, igual que gran parte de las federales; más de 75% de los uniformados que no pasaron el examen de control de confianza siguen en activo porque no hay nadie apto para remplazarlos. En las plazas dominadas por los cárteles solo las zonas bajo patrullaje activo del Ejército mantienen cierta rectoría del Estado. Quizá por eso hasta ahora nadie ha investigado un interesante patrón: nuestros soldados siempre son emboscados por un comando, en despoblado, respondiendo al fuego en defensa propia sin que quede uno solo de los criminales vivos.

Y es que el miedo es la madre de todos los silencios.

Milenio Diario

14 de mayo de 2013

http://agendapoliticanacional.infp.prd.org.mx/resumen.php?articulo_id=256469

 

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