Quadratín. El riesgo en tiempo real

Miguel Ángel Sánchez Sánchez ( Ver todos sus artículos )

Nunca ha sido fácil desplegar la cobertura periodística que requiere Michoacán, pues su ascendente problemática urbana, agraria, forestal, territorial y política, siempre ha planteado retos que incrementan el peligro que debemos asumir.

En Quadratín siempre hemos sabido que la tarea de informar implica riesgos y que éstos se elevan en ciertas circunstancias, pero los atentados del 15 de septiembre de 2008 y sus secuelas volvieron extremadamente peligrosa esa tarea y cambiaron todo el panorama, obligándonos a redefinir criterios y políticas editoriales, a asumir nuevas estrategias de cobertura ya perfeccionar los protocolos de seguridad.

Iniciamos transmisiones en enero de 2002 en momentos en los que Michoacán crecía en demanda periodística por la caída del Partido Revolucionario Institucional y el ascenso al poder de una promisoria izquierda democrática encabezada por Lázaro Cárdenas Batel —tercera generación del mítico general Cárdenas—, pero ese evento lo cambió todo.

A partir de entonces la situación se complicó: se desbordó la delincuencia —lo mismo la organizada que la del fuero común— y la lucha por los territorios alcanzó niveles de violencia sin precedente. Adicionalmente, la guerra declarada del presidente Felipe Calderón multiplicaba los escenarios de combate en todo el estado, generando oleadas de “daños colaterales”.

Las cabezas, literalmente, rodaban en toda la entidad, generando episodios verdaderamente insólitos como el llamado “michoacanazo” y una avalancha de atentados a funcionarios públicos de primer nivel sacudían a todo el estado.

Desde el inicio de transmisiones en tiempo real desde la ciudad de Morelia, Quadratín nunca había enfrentado un ambiente tal de psicosis, ante el clima de inseguridad que se extendía vertiginosamente a todas las regiones del estado, y nuestra redacción se fue adaptando a los cambios y la producción noticiosa se hizo mucho más compleja.

Las amenazas y desapariciones de personas crecieron, generalmente por acciones beligerantes de la delincuencia, pero en no pocos casos también por acciones de policías municipales, estatales y federales, e inclusive por soldados y marinos. Esos casos inevitablemente trastocaron el quehacer de los medios de comunicación. Entre 2009 y 2011 desaparecieron o fueron encontrados torturados y muertos Mauricio Estrada Zamora, de La Opinión de Apatzingán; Javier Miranda, del periódico Panorama de Zitácuaro y la agencia Quadratín; Enrique Villicaña Palomares, de CB Televisión; Hugo Olivera Cartas, de ADN de Apatzingán y de la agencia Quadratín; Ramón Ángeles Zalpa, de Cambio de Michoacán, y María Esther Aguilar, también de Cambio de Michoacán.

Ésas son algunas de las bajas de periodistas michoacanos durante los últimos años de esta guerra, que pone a México en los primeros lugares de inseguridad mundial y a Michoacán en los primeros dentro de la República.

Lo más grave es que ninguno de esos crímenes ha sido esclarecido por las autoridades, ni mucho menos han  sido castigados los responsables. La exigencia social de justicia ha sido soslayada.

Por ellos y por los que aquí seguimos hemos intensificado nuestras relaciones con organizaciones defensoras de la libertad de expresión y de los periodistas, como Artículo 19, Instituto de las Américas, Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa y Reporteros sin Fronteras, entre otras, con quienes hemos participado en diversos foros sobre coberturas en condiciones de alto riesgo y en el diseño de nuestros propios protocolos de seguridad.

En nuestro caso, ese ambiente nos obligó a aprovechar el nicho de mercado en el que nos encontramos para reducir riesgos y potenciar nuestra presencia. Una primera medida de esta estrategia consistió en ampliar la cobertura de la agencia para diversificar tanto nuestros productos como nuestros contenidos. De este modo, comenzamos a atender asuntos económicos, ambientales, culturales, etcétera, lo que permitió equilibrar la cobertura de los temas de riesgo dentro de la oferta informativa de la agencia.

En el caso de los asuntos de riesgo (enfrentamientos, operativos institucionales, tala clandestina, etcétera), Quadratín ha asumido una política de “cobertura reactiva”, cuyo propósito es dar cuenta del hecho y su circunstancia tal cual se presenta en la realidad. La objetividad y la confirmación de la información dura son factores especialmente relevantes, pues en ambos radica buena parte de la seguridad tanto del reportero como de la agencia, por lo que procuramos especial cuidado en ello. Adicionalmente, hemos asumido algunos criterios de redacción que nos han resultado eficaces, como evitar mencionar los apodos de los presuntos delincuentes y los nombres de los grupos delincuenciales, y distorsionar sus rostros.

Hemos detectado tres fuentes de riesgo esenciales: grupos delincuenciales (criminales organizados, narcotraficantes, tratantes de blancas, civiles en “autodefensa”), manifestantes (profesores, estudiantes, transportistas) y organismos y agencias gubernamentales (policías y fuerzas armadas), y su grado de peligrosidad lo determina la circunstancia o el evento del que se va a informar.

La menos letal, pero la más frecuente de esas amenazas, la generan las coberturas de las movilizaciones, especialmente las estudiantiles de las escuelas normales rurales, porque tienden a agredir a los periodistas que cubren sus manifestaciones. Por ello, esos casos se atienden con un mínimo de dos personas que se asisten para levantar testimonios, grabar y mantener un contacto permanente con la agencia, a la que deben de proveer información en tiempo real.

Muchas veces los tres niveles de gobierno tampoco hacen fácil la tarea de mantener informada a la sociedad. La primera gran dificultad es que privilegian políticas del silencio y el disimulo, cuyo ejemplo más categórico es el caso del gobernador con licencia Fausto Vallejo, de quien sólo se sabe que está enfermo desde hace meses, pero nadie sabe cuáles son sus padecimientos ni en dónde se encontraba hasta finales de junio.

Esa estrategia de desinformación tiene otras formas de expresión: la persuasión, el chantaje, la amenaza. Y lo mismo ha ocurrido con las administraciones del panista Felipe Calderón y del perredista Leonel Godoy, que ahora con las priistas.

Y ya en la tercera pista está el omnipresente problema de cubrir las acciones de los grupos delincuenciales y de los delincuentes independientes, en donde las amenazas dirigidas y personalizadas, la censura y la política de plata o plomo se encuentran a la orden del día.

Por fortuna para el caso de Michoacán, hemos advertido que este tipo de situaciones riesgosas han disminuido significativamente en los meses recientes.

En Quadratín estamos convencidos de que el quehacer periodístico siempre implica un riesgo y, por eso, una de las labores más delicadas de nuestro trabajo cotidiano tiene que ver con la determinación y valoración del riesgo que implica cada hecho informativo en tiempo real, porque de ese ejercicio dependen tanto la seguridad de los miembros de la redacción de la agencia, como la riqueza de los productos noticiosos que elaboramos día tras día.

Cada dato sobre eventos criminales que hacemos público es sometido escrupulosamente a diversos procesos de validación y de reflexión. Sabemos que nuestra integridad depende en gran medida de la precisión con que hagamos periodismo. Son tiempos nuevos, que obligan a adoptar medidas preventivas nuevas, inteligentes, sin estridencias, pero sin claudicar jamás al derecho y a la obligación que tenemos de informar con oportunidad y responsabilidad.

Miles, quizá millones de personas están siempre atentas a lo que reporta o no Quadratín, y en la agencia estamos preparados, pero siempre en proceso de aprendizaje y de actualización, para responder con profesionalismo a nuestra noble misión. n

Miguel Ángel Sánchez Sánchez. Auditor de contenidos de la agencia Quadratín.

Nexos

1 de agosto de 2013

http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2204281

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