Vanguardia. Letras en el cajón

Ricardo Mendoza Reséndez ( Ver todos sus artículos )

Podríamos hablar de los últimos cinco años. La suerte de Vanguardia no ha sido distinta a la de la mayoría de los medios de comunicación del norte del país: muchas de nuestras letras han quedado en el cajón en espera de las condiciones más elementales para que la vida siga su paso. El crimen organizado es quien ha girado el cerrojo con las acciones que aquí relato.

Tengo aquí a su muchacho… lo tengo encañonado ¡o cumplen o lo mato! ¡Ya me cansé de estas pendejadas! Ustedes no me van a volver a publicar nada que tenga que ver con mi grupo. Porque luego de matarlo a él, voy por usted, por su familia… y por los dueños del periódico.

El “muchacho” al que se refería el sicario era un directivo de la empresa, a quien tenían a bordo de una camioneta en el estacionamiento de un conocido restaurante ubicado en la avenida más transitada de la ciudad. Así, este jefe criminal secuestró nuestra línea editorial durante un par de meses; nos vimos obligados a explicar que por un tiempo dejaríamos de abordar el tema del crimen organizado. No pocos lectores nos tacharon de cobardes: “Mejor pónganse a vender tortas”.

El capo fue capturado por la Marina y así recuperamos algo elemental en nuestro estilo de vida: la libertad para publicar… luego lo convirtieron en testigo protegido y más tarde fue ejecutado por “soplón”.

Letras en el cajón

El reportero circula en su automóvil por una transitada avenida, en hora pico por la salida de alumnos en las escuelas. Dos vehículos le cierran el paso, uno adelante y otro atrás, detienen su marcha; bajan dos individuos quienes lo encañonan y le piden que deje de investigar a un funcionario que es “amigo” de ellos. Un par de años después, en medio de un escándalo nacional, este servidor público desaparece entre señalamientos del fraude más grande en la historia del estado. Nada se ha sabido de él hasta ahora.

Un granadazo al edificio; amenaza directa a algunos reporteros; decomiso de material fotográfico; más de 25 incidentes con personal de la empresa de todas las áreas, no sólo de redacción.

Desde entonces, 2008, cuando un reportero fue secuestrado por casi 48 horas sin que hasta el momento sepamos a ciencia cierta el motivo, formamos un comité de seguridad encargado de evaluar cada caso, cada uno con sus características y condiciones. Una vez documentados, nos contactamos con los organismos nacionales e internacionales especializados en el tema, cruzamos información y se plantean acciones a seguir. Hemos decidido una política de comunicación lo más abierta y responsable posible con todo el personal.

En situaciones de riesgo, los involucrados han sido enviados a resguardo, algunos de ellos fuera de Coahuila, hasta que se esclarecen las cosas y disminuye el riesgo. Ante un panorama documentado y con elementos de prueba, se privilegia la decisión del afectado(a). Nunca procedemos sin su aprobación.

Debemos decir que nos topamos con todo tipo de casos: desde una acción directa de los sicarios por la línea editorial; compañeros que han estado en el momento y lugar equivocados, y una violencia que no tiene su origen en el crimen organizado ni el ejercicio periodístico, hasta aquellos poco profesionales que con intereses diversos han inventado casos.

Hace un par de meses, un compañero nuestro, joven fotógrafo en su primer trabajo de este tipo, desapareció y su cuerpo fue encontrado desmembrado. El torpe, irresponsable y hasta criminal proceder de las distintas autoridades nos obligaron a reaccionar de la misma forma en que lo hemos hecho ante cualquier caso similar: condenar la criminalización de las víctimas. Hoy seguimos esperando los resultados de las investigaciones, por dolorosas que puedan resultar.

Lamentamos que nuestra experiencia no sea distinta a la de muchos, pero no por esto dejamos de escribir historias; debemos encontrar la fórmula para seguir haciéndolo.

En estos tiempos de sangrante estela, si hay alguien que busque un tinte heroico en las letras del periodismo mexicano, quizá tras dar un vistazo al cajón que ha servido de blindaje de esperanza, encuentre ahí esa chispa que permite a nuestros compañeros salir cada día a descubrir el origen de sus palabras. n

 

Ricardo Mendoza Reséndez. Director editorial del periódico Vanguardia.

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